martes, 17 de enero de 2017
LITERATURA: "Ilusiones" de Carlos Augusto Salaverry
Venid
a mí sonriendo placenteras
visiones
que en la infancia he idolatrado.
¡Oh
recuerdos! ¡Mentiras del pasado!
¡Oh
esperanza! ¡Mentiras venideras!
Ya
que huyen mis lozanas primaveras,
quiero
ser por vosotros consolado,
en
un mundo fantástico, poblado
de
delirios, de sombras y quimeras.
Mostradle
horrible la verdad desnuda
a los
que roban, de su ciencia ufanos,
a todo
ideal su hermoso aliño.
Pero
apartadme de de su estéril duda
y aunque
me cubra de cabellos canos,
dejadme
siempre el corazón de un niño.
MIS TEXTOS: "Dame tu número telefónico"
Una de las cosas que más disfruto es ordenar mi biblioteca:
limpiar y mover los estantes, cambiar de lugar los libros y pasar las cerdas
de una pequeña brocha sobre sus hojas. Sin embargo, es durante mis vacaciones donde
realizo un trabajo más minucioso: anillar hojas sueltas, enviar al “cuarto
oscuro” los volúmenes más viejos o
dañados y deshacerme de aquellos que ya cumplieron su ciclo. Ah, y también revisar
su estado y abrir sus hojas
Allí estaba, pegado en pequeño cartón, un trozo de papel arrugado con un número
telefónico, no recuerdo ahora el título del libro, volví a poner el cartón en el
libro y perderlo en uno de los estantes.
Sucedió hace mucho, acababa de conocer a Mery. Nuestra comunicación era aún muy escasa, no pasaba
de unas pocas palabras, unos roces de manos y algunas sonrisas
tontas.
—Dame tu número telefónico—le había insistido— quiero
hablar más contigo.
—No
Mery era muy joven, pero no por ello inexperta en estos
lances, se hacía de rogar la condenada. Cada vez que venía a la bodega de mi padre, la que yo
en aquel verano atendí con mayor entusiasmo, me contestaba con una negativa y para endulzarme
me regalaba unas golosinas, una gaseosa
o una botella de agua. Con ella agarré el gusta al agua mineral.
Ella tenía mi número, se lo di a la primera, pero nunca llamaba,
hasta que un día sonó el teléfono.
—Esperaba que me llamarás —me dijo en tono de reclamo.
—No tengo tu número, todavía no me lo das.
— Te lo acabo de dar cuando fui a tu tienda.
—No me has dado nada.
—Sí te lo di, recuerda.
Recordé que en su última compra me alcanzó un papel que yo
tomé como la envoltura de una golosina, lo estruje y ... boté al cesto
de basura. Por supuesto que no se lo
dije, pero no era necesario. Le pedí que me diera de nuevo el número, pero se negó
rotundamente y me colgó enfadada, o
aparentando estarlo. Nuestra primera crisis, y antes de empezar. Demás está
decir que di vuelta al cesto hasta encontrar el dichoso papel. Para que no se perdiera, pegué el papel en un pequeño cartón y lo guarde en uno
de mis libros. Luego llamé Mery, pero esa ya es
historia conocida.
Beto
Beto
UNA FRASE
"Las organizaciones inteligentes deben manejarse mediante la persuasión y el consentimiento".
Charles Handy
jueves, 6 de octubre de 2016
LITERATURA: "Romances de la niña negra" de Luis Cané
I
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en la puerta de su casa
estaba la niña negra.
Un erguido moño blanco
decoraba su cabeza;
collares de cuentas rojas
al cuello le daban vueltas.
Las otras niñas del barrio
jugaban en la vereda;
las otras niñas del barrio
nunca jugaban con ella.
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en un silencio sin lágrimas
lloraba la niña negra.
almidonada y compuesta,
en la puerta de su casa
estaba la niña negra.
Un erguido moño blanco
decoraba su cabeza;
collares de cuentas rojas
al cuello le daban vueltas.
Las otras niñas del barrio
jugaban en la vereda;
las otras niñas del barrio
nunca jugaban con ella.
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en un silencio sin lágrimas
lloraba la niña negra.
II
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en un féretro de pino
reposa la niña negra.
A la presencia de Dios
un ángel blanco la lleva;
la niña negra no sabe
si ha de estar triste o contenta.
Dios la mira dulcemente,
le acaricia la cabeza,
y un lindo par de alas blancas
a sus espaldas sujeta.
Los dientes de mazamorra
brillan a la niña negra.
Dios llama a todos los ángeles,
y dice: "Jugad, jugad con ella".
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en un féretro de pino
reposa la niña negra.
A la presencia de Dios
un ángel blanco la lleva;
la niña negra no sabe
si ha de estar triste o contenta.
Dios la mira dulcemente,
le acaricia la cabeza,
y un lindo par de alas blancas
a sus espaldas sujeta.
Los dientes de mazamorra
brillan a la niña negra.
Dios llama a todos los ángeles,
y dice: "Jugad, jugad con ella".
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