Yo sé que al abuelo no le gustó nada aquella noche en que el tío Francisco me trajo un atrapadito de trapos que se hinchaba y se movía por todos lados. Salimos corriendo por la carnicería y Paco nos regaló un cajoncito vacío de mandarinas. Primero hicimos un colchoncito de diarios y virutas, y arriba le echamos unas lanas viejas.
—Tiene quince días —me dijo el tío.
Yo le acerqué un platito con leche y empezó a sacar y entrar su lengüita redonda, ligera como una lagartija. Cuando no quiso más se sentó sobre su cola y me miró.
Te voy a llamar “Negro”, le dije; y de qué otra forma podía llamar yo a ese ovillo oscuro como el galpón de al fondo.
Así sentado, el Negrito no paraba de chillar, como yo cuando me dolía la barriga. Después, al apagar la luz de la cocina para irnos a dormir empezó a desentonar unos chumbidos cortos.
Yo escuché bien cuando el abuelo rezongó: “lo que faltaba”, y la abuela se levantó para cerrarle la puerta.
Enoy Avad
jueves, 3 de febrero de 2011
QUE PASÓ ESTA SEMANA

“No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Perece ser que el pueblo egipcio tomó como estandarte esta frase y se lanzó a las calles para derrocar al dictador.
Si bien el pueblo egipcio tiene un pasado memorable, nunca se caracterizó por su agresividad, el egipcio es un hombre pacífico apegado a su tierra.
Dejando de lado el turismo, la economía de Egipto está basada en la informalidad. Las viejas estructuras han llevado este pueblo al atraso y la pobreza. Mubarak, quién cuyo único mérito es haber contenido el avance del fanatismo religioso, fracasó al no implementar las reformas económicas y jurídicas que urgían. Pero cómo se le puede dar el rol de reformista a un hombre que lleva atornillado treinta años en el poder y que quiso instaurar una dinastía cediéndole el poder a su hijo.
Lejos de culturas e ideologías, lo sucedido en Egipto no está demostrando que conceptos como la libertad, la justicia y la solidaridad están presente en toda la humanidad y es algo que vale la pena celebrar. ¡Qué viva el pueblo egipcio!
MIS TEXTOS:"EL LEÓN Y EL CUADRO"
Sabido es por todos que león es el rey de la selva, pues esta es la historia de uno de ellos, uno no muy fiero, uno que odiaba la violencia y temía a la oscuridad.
Cierto día un león tropezó con un extraño objeto, fue tan grande el golpe que por poco y se rompe un diente. Al acercarse a ver que había causado tan terrible accidente encontró parte del marco de un cuadro, la curiosidad lo llevó a desenterrarlo, y vaya que sufrió mucho para hacerlo, pues a pesar de poseer unas grandes garras, estas no fueron diseñadas para escarbar.
Al tener el cuadro frente a él, no reconoció el dibujo que mostraba, por más vueltas y vueltas que le daba con sus patas, no se parecía a nada y al mismo tiempo se parecía a todo. Después de un buen rato creyó descubrir la imagen de una flor, una rosa, su flor preferida.
De lo alto de un viejo árbol se escuchó claramente la voz de un búho.
—¿Qué ves en ese cuadro?
—Eh… —el león dudo en responder, tal vez no sería buena idea responder que veía una flor—.No estoy seguro, debo pensarlo un poco más.
La curiosidad lo llevó a conocer otros puntos de vista, total era el rey de la selva, pero no debía saberlo todo, así que decidió a visitar a algunos de sus súbditos. La primera en ser visitada fue la serpiente.
—¡Buen día, Majestad.
—Buen día, señora.
—¿Qué trae a mis dominios al rey de la selva – preguntó con ironía el reptil.
—Quiero hacerte una pregunta... ¿Qué ves en este dibujo?
Después de mirar el dibujo el reptil respondió con una maliciosa sonrisa:
—Te veo muerto por unos cazadores.
“¿Por qué me odiará tato, nunca maté a una de sus crías, ni siquiera recuerdo haber hablado mal de ella”—pensó el león, mientras abandonaba la guarida del reptil.
EL segundo en ser visitado fue el conejo, él cual de milagro no se desmayó al ver de cerca la boca del gran felino.
—No me coma, Majestad, tengo muchos hijos pequeños que alimentar —exclamó lloroso.
Al ver el miedo del conejo, el león sintió pena, no le gustaba que le temieran, al contrario, se alegraría mucho que los demás animales se acercaran a él y le pidieran ayuda.
—No te asustes conejo, quiero sólo hacerte una pregunta.
—Diga, Majestad —respondió algo más calmado el pequeño animal.
Al ver el extraño dibujo dijo sin titubeos:
—Veo una hermosa madriguera.
Mientras el conejo veía alejarse a león por un momento dejó temerle, claro, sólo por un momento.
El zorro fue siguiente animal en responder la pregunta.
—Hummmm, veo una trampa, sí, está bien oculta, cubierta con hojas, pero puedo verla.
—¿Estás seguro?- volvió a preguntar el león.
Las palabras del león hicieron desconfiar al zorro y lo animaron a preguntar:
—¿Y que debo ver, Majestad?
—Es suficiente —respondió el león y continuó su viaje, le hubiera gustado decirle al zorro que admiraba mucho su astucia para resolver los problemas y afrontar la vida.
Luego pasó a visitar al lobo, a pesar de ser el rey de selva, la cueva del feroz canino, le causaba escalofríos, era tan oscura y a la vez tan gélida. Allí estaba, el terrible animal, manchado de sangre mirándolo fijamente mientras despedazaba a una de sus víctimas. También este león mataba, pero no lo disfrutaba, para todos era un secreto que cuando lo hacía… cerraba los ojos.
—¿Quieres que te diga lo que veo? —preguntó el lobo.
— Mejor no —contestó el león—,ya vi la respuesta en tus ojos.
Después de tantos sobresaltos al león le provocó visitar a un viejo amigo, un mastín que de cachorro se había perdido en la selva y había crecido con él.
—Mi buen amigo, ¿quieres que te diga que veo en aquel cuadro? Me veo junto a ti luchando contra tus enemigos, una gran pelea, como en los viejos tiempos.
No fue lo que el león esperaba escuchar, pero le gusto la respuesta.
Al finalizar la jornada el león se dirigió al viejo árbol donde moraba el búho, aquel le volvió a preguntar:
—¿Qué ves en ese cuadro?— el león esta vez no dudo, levantó la cabeza y respondió:
—Veo una flor, una hermosa flor.
BETO
Cierto día un león tropezó con un extraño objeto, fue tan grande el golpe que por poco y se rompe un diente. Al acercarse a ver que había causado tan terrible accidente encontró parte del marco de un cuadro, la curiosidad lo llevó a desenterrarlo, y vaya que sufrió mucho para hacerlo, pues a pesar de poseer unas grandes garras, estas no fueron diseñadas para escarbar.
Al tener el cuadro frente a él, no reconoció el dibujo que mostraba, por más vueltas y vueltas que le daba con sus patas, no se parecía a nada y al mismo tiempo se parecía a todo. Después de un buen rato creyó descubrir la imagen de una flor, una rosa, su flor preferida.
De lo alto de un viejo árbol se escuchó claramente la voz de un búho.
—¿Qué ves en ese cuadro?
—Eh… —el león dudo en responder, tal vez no sería buena idea responder que veía una flor—.No estoy seguro, debo pensarlo un poco más.
La curiosidad lo llevó a conocer otros puntos de vista, total era el rey de la selva, pero no debía saberlo todo, así que decidió a visitar a algunos de sus súbditos. La primera en ser visitada fue la serpiente.
—¡Buen día, Majestad.
—Buen día, señora.
—¿Qué trae a mis dominios al rey de la selva – preguntó con ironía el reptil.
—Quiero hacerte una pregunta... ¿Qué ves en este dibujo?
Después de mirar el dibujo el reptil respondió con una maliciosa sonrisa:
—Te veo muerto por unos cazadores.
“¿Por qué me odiará tato, nunca maté a una de sus crías, ni siquiera recuerdo haber hablado mal de ella”—pensó el león, mientras abandonaba la guarida del reptil.
EL segundo en ser visitado fue el conejo, él cual de milagro no se desmayó al ver de cerca la boca del gran felino.
—No me coma, Majestad, tengo muchos hijos pequeños que alimentar —exclamó lloroso.
Al ver el miedo del conejo, el león sintió pena, no le gustaba que le temieran, al contrario, se alegraría mucho que los demás animales se acercaran a él y le pidieran ayuda.
—No te asustes conejo, quiero sólo hacerte una pregunta.
—Diga, Majestad —respondió algo más calmado el pequeño animal.
Al ver el extraño dibujo dijo sin titubeos:
—Veo una hermosa madriguera.
Mientras el conejo veía alejarse a león por un momento dejó temerle, claro, sólo por un momento.
El zorro fue siguiente animal en responder la pregunta.
—Hummmm, veo una trampa, sí, está bien oculta, cubierta con hojas, pero puedo verla.
—¿Estás seguro?- volvió a preguntar el león.
Las palabras del león hicieron desconfiar al zorro y lo animaron a preguntar:
—¿Y que debo ver, Majestad?
—Es suficiente —respondió el león y continuó su viaje, le hubiera gustado decirle al zorro que admiraba mucho su astucia para resolver los problemas y afrontar la vida.
Luego pasó a visitar al lobo, a pesar de ser el rey de selva, la cueva del feroz canino, le causaba escalofríos, era tan oscura y a la vez tan gélida. Allí estaba, el terrible animal, manchado de sangre mirándolo fijamente mientras despedazaba a una de sus víctimas. También este león mataba, pero no lo disfrutaba, para todos era un secreto que cuando lo hacía… cerraba los ojos.
—¿Quieres que te diga lo que veo? —preguntó el lobo.
— Mejor no —contestó el león—,ya vi la respuesta en tus ojos.
Después de tantos sobresaltos al león le provocó visitar a un viejo amigo, un mastín que de cachorro se había perdido en la selva y había crecido con él.
—Mi buen amigo, ¿quieres que te diga que veo en aquel cuadro? Me veo junto a ti luchando contra tus enemigos, una gran pelea, como en los viejos tiempos.
No fue lo que el león esperaba escuchar, pero le gusto la respuesta.
Al finalizar la jornada el león se dirigió al viejo árbol donde moraba el búho, aquel le volvió a preguntar:
—¿Qué ves en ese cuadro?— el león esta vez no dudo, levantó la cabeza y respondió:
—Veo una flor, una hermosa flor.
BETO
jueves, 20 de enero de 2011
UNA FRASE
"CUANDO LA VIDA TE PRESENTE RAZONES PARA LLORAR, DEMUÉSTRALE QUE TIENES MIL Y UNA RAZONES PARA REIR".
Anónimo
Anónimo
LITERATURA:"COBARDÍA"
Pasó con su madre.¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso!¡Qué innata realeza
de porte!¡Qué formas bajo el fino tul!...
Pasó con su madre. Volvió la cabeza:
¡me clavó muy hondo su mirada azul!
Quedé como éxtasis...
Con febril premura.
"¡Síguela!", gritaron cuerpo y alma a la par.
... Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la dejé pasar!
Amado Nervo
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso!¡Qué innata realeza
de porte!¡Qué formas bajo el fino tul!...
Pasó con su madre. Volvió la cabeza:
¡me clavó muy hondo su mirada azul!
Quedé como éxtasis...
Con febril premura.
"¡Síguela!", gritaron cuerpo y alma a la par.
... Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la dejé pasar!
Amado Nervo
QUE PASÓ ESTA SEMANA

Nada es eterno, la necesidad de espacio y privacidad me obligo a remodelar una parte de la vieja casa de mis padres, se levantaron algunos muros, se tiraron otros, se hicieron nuevas instalaciones de agua y luz. Sin embargo, si algo realmente me afecto fue el corte parcial de mi servicio de Internet. Me sentí desconectado del mundo, la sensación de angustia sólo se asemejó a la que experimenté con la pérdida de un celular.
En los últimos años, casi sin darnos cuenta, los grandes avances de la tecnología han cambiado drásticamente nuestros estilos de vida, nos han hecho “tecnodependientes”. En Avatar, la obra del genial James Cameron, la conexión del pueblo Navi a la naturaleza crea un mundo mágico cercano a la perfección. esperemos que en nuestra realidad, la conexión con nuestros artefactos nos lleve en el mismo rumbo.
James Cameron en su película buscó representar un mundo idílico o ¿Acaso simplemente se limitó a reflejar el mundo que tenía frente a sus ojos? Un mundo donde los seres humanos no se conectan a la naturaleza a través de un apéndice, sino donde se conectan a la red a través de un cable.
MIS TEXTOS:"NO OLVIDEMOS EL OLVIDO"
No hace mucho, memoria, en el campo educativo, era una mala palabra, y pobre de aquel que le reconociera algún valor, era tildado de retrogrado.
Recientes estudios en diferentes campos han demostrado que esta función cerebral no limita sus tareas al almacenamiento y recuperación de información sino que también tiene un rol preponderante en los procesos cognitivos y en el aprendizaje.
Nuevos conceptos como el de la “memoria operativa”, capacidad cognitiva básica para mantener y manipular la información que vamos necesitando en la realización de tareas cognitivas complejas como el razonamiento y la comprensión (García Madruga: 15). O el de la “memoria a largo plazo”, que se ajusta a la definición clásica de memoria, pero que también es fundamental, pues constituye el gran almacén de los aprendizajes y proporciona información a la memoria operativa para que aquella pueda procesarla y responder los nuevos estímulos en base a la experiencia.
Si el concepto de memoria se ha actualizado, reconociéndole su verdadera importancia, debemos prestar también atención a otro proceso ligado a él: EL OLVIDO. Un proceso indisoluble al primero, tratar a uno implica necesariamente citar al otro. Ello nos puede proporcionar un punto de vista distinto para enfocar la memoria, optimizarla y por consiguiente optimizar el aprendizaje.
La definición de olvido es más amplia de lo que parece ser, prestándose muchas veces a confusión, citando a Walter Blumenfeld:
Llamamos olvido a dos procesos distintos: Cuando no podemos recordar el nombre de una persona, su dirección, etc., hasta tal punto, que ni siquiera los reconoceríamos en una serie de diferentes nombres o direcciones, entonces nos servimos de esta expresión. Pero también nos olvidamos de hacer algo que nos habíamos propuesto. En el primer caso se trata de los rastros de una experiencia perceptiva, que se ha debilitado o desorganizado; en el otro tenemos que ver con un intento concerniente a una acción por realizar. (251)
Además de lo expuesto en el párrafo anterior, también es necesario distinguir entre lo olvidado y lo desadvertido, el primero tiene que ver con lo que está al alcance de nuestra percepción, el segundo está relacionado con aquello que queda al margen de nuestro campo atencional. (Blumenfeld: 252)
Existen muchos factores o condiciones que favorecen tal “desvanecimiento” de información”, por la naturaleza del presente trabajo no se los podrá citar a todos ni tratarlos con profundidad, pero mencionaremos los que nos parecen más importantes.
Comprobamos diariamente en nuestras escuelas, que los nuevos aprendizajes, orgánicamente relacionados con otros ya existentes, los que Ausbel llamó “saberes previos”, se retienen mucho mejor que los aprendizajes aislados. Hardy, en su obra “Aprendizaje y cognición” relaciona memoria y comprensión con un ejemplo: “…las personas con un alto grado de conocimiento de baloncesto recordarán más cantidad de un resumen de un partido de baloncesto que las personas con poco conocimiento” (216).
También debemos tener en cuenta las llamadas leyes de asociación, que pese al hecho de haber sido formuladas por Aristóteles siguen aún vigentes. Según el filósofo griego, una asociación se constituye: 1) a base de una contigüidad espacial, 2) a base de una contigüidad temporal, 3) cuando los dos elementos son semejantes y 4) cuando forman un contraste (Blumenfeld: 240). Violar una de estas leyes dificulta el almacenamiento de información y favorece el olvido. Por ejemplo: es fácil recordar la relación sábado-domingo, pero muy distinto sería recordar la relación martes-sábado.
Las leyes de asociación nos llevan a la teoría de la estructura de la cual se desprende que los rastros bien organizados por formar estructuras sólidas resistan más que los débiles a la destrucción y a la modificación. Blumenfeld afirma que la noción de “fuerza asociativa” usada en dicha ley debe ser sustituida por la de “solidez de la organización” (254). Hardy parece rescatar las ideas presentadas por Blumenfeld al presentar: “el tema como fuerza organizadora”. Según Hardy la comprensión del tema es un factor importante de la comprensión ya que es muy difícil entender o recordar algo que a primera vista parece no tener tema. (214 – 215)
Otro factor a considerar es la cantidad de información a almacenar, como ya sabemos, la cantidad de información que puede almacenar nuestra memoria operativa es limitada. Bladimiro Soto Medrano al respecto afirma:
“…para organizar la multitud de conocimientos que manejas en tus estudios debes reducirlos a unidades informativas (los expertos hablan de “chunks”) cuya extensión o número de ellas esté alrededor de 7(+2, -2), es decir, que dicho número oscile entre 5 unidades como mínimo y 9 como techo máximo. Si las unidades o núcleos temáticos son menos de cinco, la información introducida en la memoria carecerá de la mínima diferenciación exigida para distinguir adecuadamente sus componentes y te resultara difícil recuperarla; cuando el número de “chunks” sea superior a 9, la sobrecarga de núcleos temáticos desbordara tu capacidad de controlarlas, pues te perderás en el bosque de tus propias ideas”. (52)
Tratemos de memorizar un número telefónico, seguidamente el número de un documento de identidad y luego el número de una cuenta de ahorros. De seguro nos será muy difícil retener dichos datos sin caer en errores, hemos comprobado que el olvido se efectúa con mayor rapidez cuando en un breve lapso de tiempo desarrollamos actividades mentales muy semejantes.
No abordaremos las inhibiciones, aquellas resistencias que la memoria debe enfrentar por parte del sujeto y que incluso tienen que ver con factores emocionales. Tampoco aquellos transtornos asociados a la vejez, enfermedades degenerativas o causadas por el consumo de sustancias tóxicas y que también afectan a la memoria.
La lectura y la experiencia adquirida a lo largo de varios años nos permiten propones algunas sugerencias.
1. Debemos desarrollar en los niños la capacidad de observación, ejercitando el análisis de imágenes y el manejo del lenguaje icono-verbal.
2. Incrementar la memoria a largo plazo a través de la lectura y la experiencia, harán más sólidas las conexiones con los nuevos aprendizajes y permitirá almacenarlos por más tiempo.
3. Prestar profunda atención en la planificación y diseño de las actividades significativas, estas deben estar integradas sistemáticamente y además deben vincularse a la experiencia y a las expectativas de los niños.
4. Si bien es cierto la cantidad de información que se exige manejar un niño se incrementa con el paso del tiempo, no debemos abrumarlo con datos, el uso de los organizadores de conocimiento son una buena alternativa para presentar la información de manera clara y pertinente. No debemos olvidar que nuestro rol como educadores ahora no es proporcionar información a los niños, sino estrategias para que ellos mismos la obtengan y puedan procesarla.
Humberto Calderón Espinoza
BIBLIOGRAFÍA
BLUMENFELD, Walter. Introducción a la psicología experimental. Lima: Librería Internacional del Perú, 1966.
GARCÍA Madruga, J.A. Comprensión lectora y memoria operativa: Aspectos evolutivos e instruccionales. Barcelona: Paidos, 1999.
HARDY, Thomas y Richard JACKSON. Aprendizaje y cognición. Madrid: Prentice Hall, 1998.
SOTO, Medrano, Bladimiro. Organizadores del conocimiento y su importancia en el aprendizaje. Huancayo: Razuwilca Editores, 2003.
Recientes estudios en diferentes campos han demostrado que esta función cerebral no limita sus tareas al almacenamiento y recuperación de información sino que también tiene un rol preponderante en los procesos cognitivos y en el aprendizaje.
Nuevos conceptos como el de la “memoria operativa”, capacidad cognitiva básica para mantener y manipular la información que vamos necesitando en la realización de tareas cognitivas complejas como el razonamiento y la comprensión (García Madruga: 15). O el de la “memoria a largo plazo”, que se ajusta a la definición clásica de memoria, pero que también es fundamental, pues constituye el gran almacén de los aprendizajes y proporciona información a la memoria operativa para que aquella pueda procesarla y responder los nuevos estímulos en base a la experiencia.
Si el concepto de memoria se ha actualizado, reconociéndole su verdadera importancia, debemos prestar también atención a otro proceso ligado a él: EL OLVIDO. Un proceso indisoluble al primero, tratar a uno implica necesariamente citar al otro. Ello nos puede proporcionar un punto de vista distinto para enfocar la memoria, optimizarla y por consiguiente optimizar el aprendizaje.
La definición de olvido es más amplia de lo que parece ser, prestándose muchas veces a confusión, citando a Walter Blumenfeld:
Llamamos olvido a dos procesos distintos: Cuando no podemos recordar el nombre de una persona, su dirección, etc., hasta tal punto, que ni siquiera los reconoceríamos en una serie de diferentes nombres o direcciones, entonces nos servimos de esta expresión. Pero también nos olvidamos de hacer algo que nos habíamos propuesto. En el primer caso se trata de los rastros de una experiencia perceptiva, que se ha debilitado o desorganizado; en el otro tenemos que ver con un intento concerniente a una acción por realizar. (251)
Además de lo expuesto en el párrafo anterior, también es necesario distinguir entre lo olvidado y lo desadvertido, el primero tiene que ver con lo que está al alcance de nuestra percepción, el segundo está relacionado con aquello que queda al margen de nuestro campo atencional. (Blumenfeld: 252)
Existen muchos factores o condiciones que favorecen tal “desvanecimiento” de información”, por la naturaleza del presente trabajo no se los podrá citar a todos ni tratarlos con profundidad, pero mencionaremos los que nos parecen más importantes.
Comprobamos diariamente en nuestras escuelas, que los nuevos aprendizajes, orgánicamente relacionados con otros ya existentes, los que Ausbel llamó “saberes previos”, se retienen mucho mejor que los aprendizajes aislados. Hardy, en su obra “Aprendizaje y cognición” relaciona memoria y comprensión con un ejemplo: “…las personas con un alto grado de conocimiento de baloncesto recordarán más cantidad de un resumen de un partido de baloncesto que las personas con poco conocimiento” (216).
También debemos tener en cuenta las llamadas leyes de asociación, que pese al hecho de haber sido formuladas por Aristóteles siguen aún vigentes. Según el filósofo griego, una asociación se constituye: 1) a base de una contigüidad espacial, 2) a base de una contigüidad temporal, 3) cuando los dos elementos son semejantes y 4) cuando forman un contraste (Blumenfeld: 240). Violar una de estas leyes dificulta el almacenamiento de información y favorece el olvido. Por ejemplo: es fácil recordar la relación sábado-domingo, pero muy distinto sería recordar la relación martes-sábado.
Las leyes de asociación nos llevan a la teoría de la estructura de la cual se desprende que los rastros bien organizados por formar estructuras sólidas resistan más que los débiles a la destrucción y a la modificación. Blumenfeld afirma que la noción de “fuerza asociativa” usada en dicha ley debe ser sustituida por la de “solidez de la organización” (254). Hardy parece rescatar las ideas presentadas por Blumenfeld al presentar: “el tema como fuerza organizadora”. Según Hardy la comprensión del tema es un factor importante de la comprensión ya que es muy difícil entender o recordar algo que a primera vista parece no tener tema. (214 – 215)
Otro factor a considerar es la cantidad de información a almacenar, como ya sabemos, la cantidad de información que puede almacenar nuestra memoria operativa es limitada. Bladimiro Soto Medrano al respecto afirma:
“…para organizar la multitud de conocimientos que manejas en tus estudios debes reducirlos a unidades informativas (los expertos hablan de “chunks”) cuya extensión o número de ellas esté alrededor de 7(+2, -2), es decir, que dicho número oscile entre 5 unidades como mínimo y 9 como techo máximo. Si las unidades o núcleos temáticos son menos de cinco, la información introducida en la memoria carecerá de la mínima diferenciación exigida para distinguir adecuadamente sus componentes y te resultara difícil recuperarla; cuando el número de “chunks” sea superior a 9, la sobrecarga de núcleos temáticos desbordara tu capacidad de controlarlas, pues te perderás en el bosque de tus propias ideas”. (52)
Tratemos de memorizar un número telefónico, seguidamente el número de un documento de identidad y luego el número de una cuenta de ahorros. De seguro nos será muy difícil retener dichos datos sin caer en errores, hemos comprobado que el olvido se efectúa con mayor rapidez cuando en un breve lapso de tiempo desarrollamos actividades mentales muy semejantes.
No abordaremos las inhibiciones, aquellas resistencias que la memoria debe enfrentar por parte del sujeto y que incluso tienen que ver con factores emocionales. Tampoco aquellos transtornos asociados a la vejez, enfermedades degenerativas o causadas por el consumo de sustancias tóxicas y que también afectan a la memoria.
La lectura y la experiencia adquirida a lo largo de varios años nos permiten propones algunas sugerencias.
1. Debemos desarrollar en los niños la capacidad de observación, ejercitando el análisis de imágenes y el manejo del lenguaje icono-verbal.
2. Incrementar la memoria a largo plazo a través de la lectura y la experiencia, harán más sólidas las conexiones con los nuevos aprendizajes y permitirá almacenarlos por más tiempo.
3. Prestar profunda atención en la planificación y diseño de las actividades significativas, estas deben estar integradas sistemáticamente y además deben vincularse a la experiencia y a las expectativas de los niños.
4. Si bien es cierto la cantidad de información que se exige manejar un niño se incrementa con el paso del tiempo, no debemos abrumarlo con datos, el uso de los organizadores de conocimiento son una buena alternativa para presentar la información de manera clara y pertinente. No debemos olvidar que nuestro rol como educadores ahora no es proporcionar información a los niños, sino estrategias para que ellos mismos la obtengan y puedan procesarla.
Humberto Calderón Espinoza
BIBLIOGRAFÍA
BLUMENFELD, Walter. Introducción a la psicología experimental. Lima: Librería Internacional del Perú, 1966.
GARCÍA Madruga, J.A. Comprensión lectora y memoria operativa: Aspectos evolutivos e instruccionales. Barcelona: Paidos, 1999.
HARDY, Thomas y Richard JACKSON. Aprendizaje y cognición. Madrid: Prentice Hall, 1998.
SOTO, Medrano, Bladimiro. Organizadores del conocimiento y su importancia en el aprendizaje. Huancayo: Razuwilca Editores, 2003.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
